"El cine español es monotemático y gilipollas". Con estas palabras me di de bruces el otro día al abrir el periódico. Me sorprendió que alguien fuera tan claro y tan sincero al hablar del cine que se hace en este bendito país. Al buscar quién había dicho esto, me cuadraron un poco más las cosas, puesto que Agustín Díaz Yanes nunca ha ido de falso, y, además de ser uno de los mejores directores de este país, llama a las cosas por su nombre. Tano, como le llaman sus amigos, no ha hecho demasiadas películas, solamente tres más la última que acaba de estrenarse, Sólo quiero caminar. Tengo que decir que siento una corriente de simpatía por este cineasta. Me cae bien, me gustan sus películas, y me alegro que sea un tío que hable sin tapujos, con sinceridad, sentido común e inteligencia. En un cine en el que casi todos aspiran a ser guays, modernos y trascendentes, Díaz Yanes hace su cine, cuando quiere, sin estridencias ni efectismos. Quizá la clave esté en su formación, ya que, como licenciado en Historia, en la Universidad Complutense de Madrid, ha leído, ha escuchado y ha visto, y se ha impregnado de la suficiente cultura como para no caer en la ignorancia y en la tontería que dominan, en general, la vida de este país. Tano fue guionista y trabajó en varios proyectos, como "Belmonte" o "Baton Rouge", hasta que en 1995 realizó su ópera prima, Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, una historia dura y violenta ambientada en México, y protagonizada por Victoria Abril, Federico Luppi y Pilar Bardem entre otros, que sorprendió a propios y extraños, y consiguió 7 Goyas aquel año, entre otros, los de Mejor Película, Mejor Actriz, Mejor Guión y Mejor Director Novel. Casi nada. Su siguiente película, 6 años después, Sin noticias de Dios, fue un resbalón, ya que el humor chabacano y cañí no parecían propios de su cine, y la película, aun con nominaciones a los Goya, no tuvo demasiado éxito entre la crítica, a pesar de un gran reparto encabezado por Penélope Cruz y Victoria Abril. Una de las características de su carrera es que se toma mucho tiempo entre proyecto y proyecto, ya que dedica su tiempo a hacer labores como productor y guionista, y prefiere dedicarse a proyectos que le interesen aun a costa de no dirigir nada durante años.
Su siguiente película fue uno de los proyectos más caros y más esperados de toda la historia del cine español. Díaz Yanes tuvo el honor de ser el elegido de llevar al cine las aventuras del capitán Diego Alatriste, el inolvidable espadachín, taciturno y duro, que vivió en el tiempo de Quevedo y Velázquez en la primera mitad del siglo XVII; nacido de la certera y extraordinaria pluma de Arturo Pérez-Reverte, novelista, articulista, superviviente y lúcido. Con un presupuesto de 20 millones de euros, el más caro de la historia del cine español (aunque algo lejos de los 100 millones de cualquier producción de aventuras de Hollywood, y eso se tiene que notar), y un reparto extensísimo que recogía la flor y la nata de nuestro cine (Juan Echanove, Javier Cámara, Eduard Fernández, Eduardo Noriega, Ariadna Gil, Elena Anaya, Unax Ugalde, Antonio Dechent, y sendos cameos de Pilar Bardem y Pilar López de Ayala) más el protagonista de toda una estrella y un actorazo como Viggo Mortensen en el papel de Alatriste, la película se estrenó tras una gran promoción y una gran expectación. La crítica, en general, se mostró a favor de una película que, aunque no rechazaba la épica, mostraba el talento de Díaz Yanes para entrelazar y emocionar con las pequeñas historias de los personajes, en un auténtico fresco de las miserias y grandezas, de las pasiones y las traiciones de un siglo importante en la historia de España. El público, sin embargo, en su mayoría, acabó echando pestes de una película incomprendida, ya que la mayoría de la gente iba en busca de un Señor de los Anillos español, y no estaba preparada para ver una historia en la mejor tradición de David Lean: íntima y épica al mismo tiempo, lenta y certera a la hora de explicar y narrar los hechos, y el público en general no va al cine a ver eso. Una verdadera lástima, que ahora, para la mayoría de la gente, la película sea solo un malo recuerdo en la memoria, cuando debería ser todo lo contrario.
Tano pasó página, y se centró en la película que se acaba de estrenar, Sólo quiero caminar, una especie de secuela de su ópera prima, en la que retoma el personaje central de Gloria (Victoria Abril), acompañada esta vez de tres mujeres (Ariadna Gil, Elena Anaya y Pilar López de Ayala). Una película que promete ser diferente a todo lo que se hace en España actualmente, y que, por lo tanto se hace necesario ir a verla. Y es que Díaz Yanes casi nunca decepciona, pertenece a esa clase de cineastas que luchan por rebelarse ante lo que ven, y hacer lo que quieren hacer. Un cineasta de raza, en suma, que cada vez que hace cine, suele cortar oreja y rabo, y salir por la puerta grande, como en las corridas de toros que tanto le gustan.

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